logo_milpedras

22/09/2010


El retorno de Venus (El cuerpo desnudo, parte II)

No existen videos asociados


Detalle de "Venus de Urbino" (Tiziano, 1538)

“… La gloria del pincel es modelarte, vestirte y al vestirte, desnudarte. A ti, Venus, en flor de la pintura”.
Fragmento de: Al desnudo de Rafael Alberti.



A lo largo de la Antigüedad, los grabados y desnudos femeninos solían quedar impresos en el reverso de los espejos, o bien, eran pintados en artesanía barata con una especie de realismo ingenuo que rayaba en lo grotesco y vulgar.

Fue hasta el siglo XVI cuando un grupo de eruditos, filósofos y amantes de los placeres visuales decidieron regresarle a la abandonada Venus algunos de sus atributos divinos, rescatándola de la deshonra en que la Época Medieval la había sumergido.

En tal momento de la Historia, la mujer era vista como una criatura que con su cuerpo incitaba al hombre al pecado y lógico es que desde tal perspectiva espiritual, la diosa del amor hubiera permanecido durante milenios sumergida en un sueño casi eterno.


"Venus de Dresde" (Giorgione, 1510)

Será pues el Renacimiento el que abra las puertas de nuevo al cuerpo natural y entonces la exaltación de la belleza femenina se convertirá en el motivo prioritario de inspiración para los artistas.

Los pintores italianos tomaron en un principio como modelo a Las Tres Gracias o Cárites (Agaya, Talía, Eufrosine), estas jóvenes mujeres de la mitología griega que representaban justamente a la belleza, el hechizo y la alegría. Las versiones que encontramos de las delicadas compañeras de Afrodita, nos muestran sus cuerpos entrelazados (la del centro da la espalda flanqueada por las otras dos, que aparecen de lado o tres cuartos). Su apariencia es graciosa y risueña como si con esta representación de lo femenino se quisieran reforzar las cualidades que las mujeres debieran poseer.

Se dice que la Venus del Alto Renacimiento no fue inventada en Roma sino en Venecia y que el desnudo clásico se atribuye a Giorgio Barbarelli (Giorgione), pintor veneciano que cambia de improviso la dirección de la pintura.


Detalle (invertido) de la "Venus de Dresde" (Giorgione, 1510)

El precoz artista refleja su convivencia con Giovanni Bellini, su maestro desde los diez años, y a pesar de su muerte temprana, abarcó con éxito el retrato, el paisaje y otras composiciones. Pero más allá de tales cualidades había en él un apetito de belleza física más delicada que el de ningún otro artista desde la Grecia del siglo IV.

La Venus dormida o Venus de Dresde, nos mostrará por primera vez en la historia de la pintura a una mujer desnuda y acostada que aparecerá en el primer plano de la composición del cuadro. La mujer, a pesar de su aparente inocencia, está llena de profundo lirismo y elegancia, expresando al mismo tiempo la soledad reforzada por un paisaje bañado de luz tenue y por el otro, la serenidad resultante de las líneas horizontales del cuerpo erótico y reposado, lo que la hace más inquietante a los ojos del espectador.

Esta Venus ya no es una adolescente, sus formas son vivas y su actitud espléndida. La línea ya no apretará al cuerpo como corsé, sino que éste viajará libre y natural, con lo que la imagen de lo femenino estará entonces más cercana a la vida humana y más acorde también al ideal del Renacimiento.

La Venus “maestra” tendrá una descendencia numerosa a través del tiempo que irá desde la Maja Desnuda de Goya hasta la Olimpia de Manet.


"Venus de Urbino" (Tiziano, 1538)

Capítulo aparte será el que nos lleve al disfrute de su obra “gemela”: La Venus de Urbino o Venus del perrito realizada por  su contemporáneo Tiziano Vecillio, obra que muestra la posición del desnudo casi idéntica a la Venus dormida con la diferencia de que su modelo se encuentra en una habitación íntima y reta al espectador con mirada sensual, a diferencia de la que plácida, duerme sola.

Tiziano, condiscípulo de Giorgione, tuvo a bien terminar varias obras de su amigo -según testimonios de la época- y es considerado como el poeta épico de la sensualidad, el maestro absoluto de la pintura carnal y uno de los pintores supremos de la interpretación del cuerpo femenino. El artista, lejos de abordar infinidad de posturas y actitudes en sus modelos, más bien repetía la misma forma haciendo ligeras variaciones en partes del cuerpo. También observamos que a pesar de complacerse en la piel suave e iluminada, sus Venus no son provocativas sino más bien un poco convencionales en la primera época de su producción. Fue hasta 1550, muy adulto ya, cuando abandona las posturas frontales y los contornos marcados en sus obras, haciendo que el cuerpo se muestre como jamás se había conseguido hasta ese momento.

El cambio radical aparecerá en obras como Danae, Diana y Calisto, Diana y Acteón, donde hace alarde de  libertad, de la extensión, del erotismo y elegancia de trazo.

Estas obras pertenecen a los desnudos más seductores de la historia de la pintura y fueron reconocidos por Rubens y Watteau, entre otros pintores tan grandes como él.


Detalle de "Leda y el cisne" (Correggio, 1531)

Antonio Allegri da Correggio, nacido cerca de Parma, en la misma época, es considerado también como otro poeta del desnudo femenino italiano. En sus obras, la belleza aparecerá más seductora  que en sus contemporáneos y aunque carece de lascivia, agrega la coquetería de la mirada a sus personajes femeninos, lo que los hace únicos y precursores del arte barroco.

El artista viajó a Roma y enriqueció su expresión plástica. Fue un pintor lírico natural con gran ductilidad en su trazo y delicadeza en el abordaje de sus temas. El sentimiento de ternura con el que viste a sus modelos, lo conseguirá a través de la relación afable que establece entre líneas y sombras, aprendiendo además de Leonardo Da Vinci la forma de penetrar en los secretos de la expresión: mirando los rostros de las mujeres en la misteriosa iluminación del crepúsculo.

Correggio concibió a la mujer con un cuerpo tangible y humano, despojado de las vestimentas superfluas. Sus desnudos son lo contrario a lo obsceno, aunque jamás perderán la seducción. El artista romperá en definitiva con la norma clásica o la armadura geométrica.

 “Ningún otro pintor  -como lo comentará Berenson años después- estuvo más impregnado de feminidad, de tal manera que sus santos más belicosos resultan tiernos y sus más venerables anacoretas tienen el gesto gracioso de una doncella”.

El devenir de las Artes es casi siempre impredecible, pero las constantes universales se repetirán a través del tiempo en las obras maestras de los verdaderos artistas, esos que jamás perderán la capacidad de asombro.

 

 

Texto: Toni Guerra

http://www.galeriaexagono.com/
http://www.toniguerra.com.mx



ADJUNTOS

No existen adjuntos asociados


Volver al listado