logo_milpedras

21/01/2011

Apuntes sobre el grabado tipografico en España I

No existen videos asociados

No es nada fácil encontrar escritos sobre la historia del grabado tipográfico en españa, un tema que desde UTD siempre hemos querido cuidar y difundir, y es por eso que encontrar un escrito relativo con mas de 130 años de antigüedad nos llena de satisfacción. Se trata del interesantísimo artículo “Apuntes sobre el grabado tipográfico en España” publicado en la revista “La Ilustración Española y Americana” en 1877 por Francisco Navarro Villoslada, y que según comenta “son los primeros que respecto de España se han publicado”. Os dejamos con la transcripción del documento, que seguro que hará las delicias de más de uno.
Extraido de La Ilustración Española y Americana.
Año XXI – Núm. VI – 15 de febrero de 1887
Año XXI – Suplemento al nº VII – febrero 1877

 

 

El grabado en madera, que hoy constituye una verdadera necesidad, o cuando menos uno de los más útiles y fastuosos auxiliares de la Tipografía, ha precedido muchos años a ésta, y fue, por decirlo así, el verdadero padre de la Imprenta.


Dos distintos géneros de impresión se conocían antes del descubrimiento de Gutenberg: la xilografía o grabado de caracteres en tablas de madera, y la calcografía o impresión en planchas de metal, ora en medio relieve, ora en dulce. La primera precedió a la segunda, pues la más antigua prueba con fecha conocida de un grabado en metal destinado a la impresión, es un San Bernardo del año 1454 que existe en la Biblioteca de París, al paso que ya en el siglo XIV se estampaban naipes grabados en madera, principalmente en Alemania o los Países-Bajos. De suponer es también que se imprimiesen naipes en España, pues estaba el uso de ellos tan generalizado, que ya fue objeto de prohibiciones, tanto por Alfonso XI como por Juan I de Castilla. Como quiera que fuese, los libros impresos xilográfica o calcográficamente, en tablas o láminas, y por consiguiente en caracteres fijos é inmóviles, precedió a la Tipografía, que se diferencia esencialmente de las impresiones anteriores por la movilidad de los tipos. La primera edición del Catholicon Johannis Januensis fue xilográfica; la segunda en caracteres movibles. Éstos fueron grabados en un principio letra por letra, con separación y singularmente, pero muy pronto se llegó a fundirlas en matrices, primero grabadas en hueco, y luego hincadas por medio de punzones. Si la historia de la Imprenta en España se halla incompleta y casi en el mismo estado en que la dejó cien años hace el P. Méndez, que no pasó de los incunables, o libros impresos en el siglo XV, la del grabado de punzones en acero y fundición de letras está todavía por empezar. Por lo menos, yo no conozco ningún escrito sobre la materia. Para dar las ligerísimas noticias de estos apuntes, he tenido que recoger indicaciones esparcidas en documentos originales, y especies mencionadas como de pasada en libros extraños al arte. Escasos son unos y otros datos, pero me parecen, tal vez por ignorancia mía, los primeros que respecto de España se han publicado.


Creo que por lo mismo serán acogidos con indulgencia. Forzosamente han de ser breves. Harto lo siento. La historia de la fundición, sin embargo, y la del grabado tipográfico es la verdadera historia de la Imprenta. Puede decirse que ésta no acabó de inventarse hasta que Schoeffer perfeccionó el arte de abrir punzones y moldear las letras que Gutenberg había ideado. Un discípulo del primero, Nicolás Jenson, disminuyó notablemente las dificultades que ofrecía el grabado, sustituyendo a la letra gótica, o más bien, alemana, convertida luego en la que llamamos de forfis, con la redonda que actualmente usamos. Más tarde, en 1501, Aldo Manucio inventó la llamada itálica bastardilla, cuyos caracteres fueron empleados por primera vez en el Virgilio de este célebre impresor, y grabados por Francisco de Bolonia.

Para las personas completamente extrañas al arte diremos que punzón es un pequeño instrumento cuadrangular de acero, y de cuatro o cinco centímetros de largo, en cuya boca o punta roma se graba la letra de realce, y de manera que, puesto sobre una plancha de cobre y con un golpe dado en el extremo opuesto, quede la letra hincada y como grabada en hueco en la plancha. El instrumento de acero, según hemos visto, se llama punzón; la letra hincada en una laminita de cobre de tres centímetros de larga, uno de ancha y medio de gruesa se denomina matriz, y los caracteres en ellas vaciados constituyen una fundición. El metal empleado en las fundiciones de letra es plomo con mezcla de antimonio, mayor o menor, según la fortaleza que quiera dársele. Para Ios periódicos de gran tirada se añade a esta mezcla un 1 por 100 de cobre y de 6 a 9 por 100 de estaño.

Los mismos alemanes, que en España, antes que en Francia y otras varias naciones europeas, introdujeron la Imprenta, venían iniciados en los secretos de la fundición de letras. Cuando los monjes benedictinos de Monserrat en 1498 se llevaron al monasterio al impresor Luschner, establecido en Barcelona, le impusieron la condición de que si ellos querían letra nueva para sus libros, el Maestro debería hacerla, abonándole el Monasterio gastos y salarios. Necesitóse, en efecto, mucha letra nueva, según se infiere de las cuentas, legando el caso de abrir punzones, de hincar matrices en cobre y de vaciar en ellas la letra, no en plomo, como se ha creído por muchos, sino en estaño, o con mezcla tal vez de ambos metales. Ajustábanse las matrices y se acomodaban en unos instrumentos llamados caracoles; todo lo cual demuestra que el arte de fundición en los siglos XV y XVI estaba casi tan adelantado como hoy, y que los buenos impresores eran al mismo tiempo grabadores, fundidores, compositores de molde, prensistas, y como pudiéramos fácilmente probar, si tal fuera nuestro propósito, hombres de mucha religión y literatura. Luschner tenía consigo un fundidor suizo, que de cuando en cuando iba a Perpiñan a buscar punzones y fundir caracteres. Los adornos y letras mayúsculas floreadas hacíanse por entalladores o grabadores en madera, lo mismo exactamente que en nuestras ediciones de lujo. Al principio se dejaba en blanco el sitio que habían de ocupar estas letras capitales, para que los iluminadores y miniaturistas las pintaran a su gusto.

No parece fuera de propósito decir aquí algo acerca del origen de algunas de las diversas denominaciones con que se distinguen los caracteres, según su forma y tamaño. El carácter llamado en Francia San Agustín, que corresponde al cuerpo 12.” en la división por puntos tipográficos, tuvo este nombre por ser la letra que emplearon Conrado Swenheym y Amoldo Pannartz en el libro de la Ciudad de Dios de aquel Santo Padre. Los mismos impresores publicaron al propio tiempo las Epístolas Familiares de Cicerón, y el nombre del príncipe de los oradores romanos, como dice Crapelet, quedó hasta nuestros días para señalar el tipo de la letra que sirvió en la impresión de aquel volumen. El Cicero corresponde al cuerpo 11.° Así lo afirma este mismo autor, que es voto en el arte; pero hoy se le designa en España como del cuerpo 12.” Sospecho que el grado que los españoles conocemos con el nombre de lectura tiene origen en el libro magníficamente impreso en Venecia el año 1471 por Vindelino de Spira, intitulado: Prima pars LKCTUÜVK superf.f. novo, de Bartholo de Saxoferrato (fól. en letra redonda, a dos columnas;; y sin dificultad se concederá, después de estos ejemplos, que los nombres de Breviario, Misal, Canon, Pelicano, vienen de la clase de letra empleada en nuestros primeros libros de rezo y litúrgicos.

En las ya citadas cuentas de impresiones hechas en Monserrat se ven como nacer y asomar estas denominaciones, sin que sepamos si eran a la sazón de uso corriente, o fueron por primera vez aplicadas a falta de lenguaje técnico. Los nombres de Texto y Glosilla son tomados del respectivo destino que en una obra comentariada, o en un texto glosado, se daba a estos dos grados tan desiguales entre sí, y los de Nomparell y Miñona revelan su origen francés. La primera noticia que tenemos de caracteres orientales empleados en España es referente a las ediciones hechas en 1487 y 1490 en Ischar o Hijar de Aragón en hebreo, por Eliezer, hijo de Alanta. Este impresor era judio, como se deja ver por su nombre y por los libros que dio a luz.

Después de ellos tenemos que venir a la famosísima Biblia Complutense, debida a los colosales esfuerzos del Cardenal Cisnéros, é impresa desde 1514 a 1517 por Brocar, que a fines del siglo XV era impresor en Pamplona. La Biblia Poliglota Complutense, así llamada por haberse publicado en Alcalá ele Henares, es la primera en su género y constituye la gloria mayor de España como monumento tipográfico y del arte de grabar punzones. Arnaldo Guillermo Brocar fue, según Quintanilla, quien para dicha obra «labró los characteres en todas lenguas, los primeros del orbe, no sin mucha costa y afán, porque son unas letras, que más fuerza tiene la apuntuacion que lo principal de la forma. De estos characteres se valió después Arias Montano, para la Biblia Regia, que estaban en esta Universidad, en poder de Juan Brocario, impresor de ella, y hijo del primero, y con la forma que les dio Christophoro Plan tino, ya se ha hecho fácil esta impresión en hebreo, caldeo, griego y siriaco, pero débesele la primacía a los characteres de esta escuela.»


«Por lo que hace a las expensas, dice otro historiador, no es razón omitir que sólo en la conducción de siete libros hebreos se gastaron cuatro mil doblones; y que añadidos a éstos los gastos de salarios, de amanuenses, impresores y otros oficiales, creció la suma del coste hasta más de cincuenta mil doblones.» Si la imprenta y el grabado tipográfico hubieran seguido en España como empezaron, no habría en el mundo quien pudiera disputarnos la primacía en el arte; pero creo que después de este tiempo no se volvieron a grabar punzones en la Península hasta el pasado siglo. La imprenta de Cristóbal Plantin en Amberes recibió los punzones y matrices de la Complutense para la edición de la ya citada Biblia Regia (15G9-1573;, y diez mil ducados ademas que le adelantó Felipe II para los libros sagrados, formando una riquísima colección de fundiciones, de que surtió a toda Europa. Sus caracteres eran entonces, y continuaron siendo por espacio de dos centurias, muy dignos de estimación. Matrices de Plantin servían a fines del siglo pasado a D. Juan Manuel Merlo para sus fundiciones acreditadísimas en Madrid : los PP. Jesuitas de esta Corte poseían al tiempo de su expulsión por Carlos III unos juegos de matrices de la misma procedencia, que pasaron luego al Hospicio.

Y no debe maravillarnos tan larga duración: un punzón abierto en acero y bien templado puede dar innumerables matrices, y cada matriz bien conservada en manos de personas inteligentes, sirve muchísimos años sin que desmerezca cosa alguna. El rey D. Fernando VI mandó formar un obrador de fundición, agregado a la Biblioteca Real, al bibliotecario mayor D. Juan de Santander, el cual empezó por adquirir una porción de matrices antiguas, y encomendó a D. Jerónimo Antonio Gil, nombrado más tarde grabador de la Casa de Moneda de Méjico, que completase algunos grados defectuosos. También principió a trabajar por entonces en el grabado de punzones D. Antonio de Espinosa. Sucedía esto por los años de 1750 a 1752.

Doce o catorce más tarde, viendo el general Marqués de la Mina la afición que se había despertado hacia la Imprenta, debió de hablar a Carlos III de un maestro armero de Barcelona, llamado Eudaldo Pradell o Paradell, que se había dedicado, por entretener sus ocios sin duda, al poco lucrativo oficio de abrir punzones de letra. Bastó semejante recomendación del Capitán general de Cataluña para que el Rey, por conducto del Marqués de Squilace, expidiese la siguiente orden dirigida al Marqués de Grimaldi: «Excmo. Señor : El Rey se ha servido conceder a Eudaldo Pradell, maestro armero, habitante en Barcelona, cien doblones de oro de pensión cada año, y cincuenta quintales de plomo por coste y costas por el término de diez, con calidad de que ha de venir a establecerse a Madrid y emplearse en el ejercicio de abrir matrices para todo género de letras, a fin de abastecer las impresiones de España, así de caracteres latinos como hebreos, griegos y árabes, según ha propuesto. —Dios, etc.—San Ildefonso, 4 de Agosto de 1764.» Pradell correspondió dignamente a la confianza que en él se había depositado, y vino a Madrid el año inmediato con cuatro grados de letra que había abierto: dos de Breviario, uno de Lectura y otro de Texto. Estableció su obrador en la calle del Mesón de Paredes, donde hizo algunas fundiciones con estos grados, y abrió con formalidad y honradez catalanas nuevos punzones, hasta juntar una bellísima colección de doce grados, desde el de Glosilla al de Gran Canon. Por lo que atañe a caracteres orientales, creo que nada hizo. Murió en 7 de Diciembre de 1788, y Carlos IV concedió al hijo del hábil artífice la pensión y franquicia que disfrutaba su padre.

Heredó su renta y privilegios, mas no su talento. Ni él, que también se llamaba Eduardo, ni su cuñado Pedro Ifern supieron abrir punzones, al menos hasta llegar a completar un grado: se contentaron con explotar los doce que les dejó el padre, estableciendo con ellos dos fábricas de fundición.

Eudaldo o Eduardo Pradell pasa por ser el primero que ha grabado punzones en España. La Real orden de 4 de Agosto concediéndole la pensión de seis mil reales va precedida del siguiente epígrafe: «Pensión al primero que empezó a grabar letras en España.» Sigúenza, en el Mecanismo del Arte de la Imprenta, dice :
Aunque Sigüenza parece contradecirse en este párrafo, Anaya, copiándolo, da por sentado que Pradell es el primer grabador español de punzones.

Todos, sin embargo, se han equivocado. Prescindiendo de que Guillermo Brocar, aunque alemán, abrió punzones de letras orientales en España, valiéndose en la parte, por decirlo así, científica y elevada del arte, de calígrafos y sabios españoles, no es exacto que el armero catalán fuese el primer grabador español. Cierto que nadie antes que él tuvo una colección numerosa completa y gradual de punzones; pero no era su nombre siquiera conocido cuando D. Jerónimo Antonio Gil, en tiempo de Fernando VI, a mediados de aquel siglo, grabó punzones que existen aún en la Imprenta Nacional, y son de tan buen gusto y correcta ejecución como los de Pradell. Hizo para la Biblioteca 6.600 punzones y 8.000 matrices.

De este Gil no daré por hoy más noticias sino que era persona de mucho respeto y grande habilidad, y que hacia el último tercio del siglo marchó a Méjico, donde vivió mucho tiempo de grabador de la Casa de Moneda. Falleció allí el 16 de Abril de 1798.

Compañero de Gil en la profesión y ejercicio de abrir punzones para la Biblioteca Real fue D. Antonio Espinosa de los Monteros. Existen algunos más datos biográficos de este otro artífice, aunque a la verdad no es tan digno de honorífica mención como los anteriores. Era murciano: entró muy joven en la Casa de Moneda de Madrid, y salió de ella al poco tiempo, riñendo con uno de los principales maestros, llamado Prieto. En seguida se puso a grabar en hueco por su cuenta; pero no haciendo por ahí carrera, se dedicó a grabar la letra de las láminas en dulce. Hizo compañía con Gil para abrir los punzones de la fundición del Rey en la Biblioteca, y a los pocos meses se separaron los dos artistas en completa desavenencia. Pudo conseguir colocación en la Casa de Moneda de Sevilla, donde estuvo bastante tiempo con veinte y cuatro reales diarios; pero a instancias suyas fue trasladado con el mismo sueldo a la Casa de Moneda de Segovia y estableció obrador de fundición en Madrid, dirigido por su mujer, que tenía tanta travesura como el marido.

Él iba haciendo a pellizcos los grabados en Segovia, y enviaba a Madrid matrices con las que su mujer fundía la letra. La buena señora aplicaba al vaciado las mismas reglas de economía doméstica que a su despensa : compraba el plomo viejo de canalones y vidrieras en el Rastro, y le echaba la menos mezcla posible; de tal modo, que la letra vieja de Espinosa solía comprarse como si fuese plomo puro. Estableció luego una imprenta en Madrid y otra en Segovia, y se le acusaba de haber impreso clandestinamente, poniendo los nombre; de Pamplona, Barcelona y otras ciudades de España en la portada. Todo lo cual no le impidió ser académico de mérito de la Real Academia de Nobles Artes, grabador principal de la Casa de Moneda de Segovia, y director de la Escuela de Dibujo en la misma ciudad. Había estado en Roma a perfeccionarse en su arte, y tuvo el honor de que el Infante D. Gabriel eligiese una de sus fundiciones, la de letra cursiva, para la célebre edición del Salustio hecha en casa de Ibarra. Fue uno de los once impresores que en 1792 representaron contra la guerra o competencia que la Imprenta Real hacía a los impresores particulares. Su establecimiento tipográfico de Madrid tenía a la sazón siete prensas y estaba abierto en la calle del Espejo. Como grabador y fundidor es el que menos vale de cuantos hemos citado, sin embargo del honor que le hizo Ibarra en el Salustio. Tenía demasiados oficios para sobresalir en ninguno. Con todo, no se puede negar que Espinosa sintió aspiraciones propias de los grandes maestros del arte, es decir, las de llegar a ser grabador, fundidor é impresor, o como él mismo decía, un tipógrafo verdadero. Pero estas tres ramas del arte bastaban para dar ocupación al hombre de más actividad, constancia y talento, y Espinosa tenía que consagrar principalmente su tiempo al empleo que debía al Gobierno. Así es que en ninguna de aquellas tres profesiones se acercó a la perfección, y sus tipos no pueden competir con los de Gil y Pradell, ni sus ediciones compararse a las de Sancha, Ibarra é Imprenta Real.

En 1766 suministró Espinosa una fundición de Lectura para la Gaceta de Madrid, y en esta obra se observaron varios defectos, siendo los más notables la desigualdad en el corte de las letras y la falta de fortificación en el metal, resabios sin duda del gobierno mujeril, por lo cual, tanto aquel periódico como otras imprentas particulares buscaban con preferencia fundiciones de Pradell, Merlo y Daoiz, meros fundidores estos últimos, no grabadores de punzones.


FRANCISCO NAVARRO VILLOSLADA

www.unostiposduros.com



ADJUNTOS

No existen adjuntos asociados


Volver al listado