logo_milpedras

25/05/2010

Acercamiento al monotipo.

No existen videos asociados

El monotipo según la definición del Diccionario del Dibujo y la Estampa es: “Estampa a la que se transfiere por contacto la imagen pintada o dibujada en un soporte rígido cuando el pigmento está todavía fresco. Desde el punto de vista no solo de la técnica sino también del lenguaje, el monotipo está a caballo entre la pintura, el dibujo y el arte gráfico, con el que coincide en el hecho de que el producto final es una estampa, es decir, el soporte que contiene la imagen definitiva es distinto de aquél en el que ha intervenido el artista. Sin embargo, se diferencia del arte gráfico en la más específica genuina y peculiar de sus características: la multiplicidad del producto. En efecto, al no ser fijada permanentemente la impronta en el soporte y, en consecuencia, no ser entintada durante la estampación – el propio pigmento empleado por el artista es el que crea la imagen transferida-, resulta imposible obtener más de una estampa por este método – de ahí su nombre -. El pigmento usado con mayor frecuencia para pintar es el óleo. Aunque conocido desde el siglo XVII, han sido los artistas del XX quienes se han sentido verdaderamente atraídos hacia el monotipo debido a la originalidad de sus texturas". (Blas, J., Ciruelos, A. y Barrena, C. Diccionario del Dibujo y la Estampa: Vocabulario y tesauro… Real Academia de BB.AA de San Fernando, Calcografía Nacional, Madrid, 1996).
La palabra monotipo proviene del griego "monos", único y "tipos", modelo; de ahí que el siginificado de monotipo en el ámbito de la monoimpresión sea el de único modelo o bien, único grabado. Su invención está atribuida a Giovanni Benedetto Castiglione (Génova 1609-1665).

Mediante esta técnica el artista trabaja pintando directamente sobre la plancha lisa y no porosa principalmente con óleo, si bien también admite otro tipo de pigmentos como tintas acuosas o tintas calcográficas y litográficas; Como soporte para la impresión puede emplearse una plancha de cobre, cinc, cristal, metacrilato, linóleo o policarbonato. Requiere de una cierta rapidez en su ejecución ya que el paso por la prensa, en caso de que se usen medios mecánicos para la estampación, ha de realizarse antes de que se seque la tinta; pudiendo también estamparse de manera manual, en cuyo caso el papel a emplear debe ser liso y de gramaje ligero.
Esta modalidad de impresión goza de una idiosincrasia única que la diferencia de cualquier otra, teniendo además una cualidad que le es innata y que la hace muy atractiva, que es la cierta impredicibilidad en el resultado, al no ser este exactamente idéntico al que se pintó sobre la plancha. Del tipo de procedimiento se deriva su carácter fresco, algo improvisado, ya que por el rápido secado de las tintas no es posible realizar un trabajo minucioso.

La monotipia permite además el empleo de gran variedad de materiales con los que crear auténticos collages sobre las planchas, los cuales arrojan resultados sorprendentes, y el retoque posterior una vez impresa con cualquier procedimiento pictórico (pastel, óleo, lápices,...). Al tratarse de una copia única, ya que sus propias características no permiten la realización de más copias idénticas, se trata de una técnica muy apreciada, principalmente por los coleccionistas, no obstante cabe la posibilidad de imprimir algún ejemplar más si bien los resultados obtenidos van siendo cada vez más pobres y desvaidos. Esta técnica posibilita además una gran capacidad en cuanto a libertad de trazos, color y volumen, por lo que numerosos artistas importantes se han acercado a ella a lo largo de la historia, artistas tales como Gauguin, Toulouse Lautrec, Pissarro y especialmente Edgar Degas (1834-1917), el cual protagonizó importantes avances en este campo llegando a realizar la nada desdeñable cifra de 321 monotipos.

Dependiendo de cómo se realice se pueden distinguir diferentes tipos o procedimientos,

EL MONOTIPO ADITIVO:

Este es junto al sustractivo, el más cercano a la pintura. Por el hecho en sí de “pintar” directamente, con los útiles que consideremos más adecuados, sobre la superficie plana que servirá de soporte para crear la imagen sus resultados son, como decimos, muy pictóricos. Es este sin duda el valor más importante del monotipo por adición, y es en este método se refleja con más claridad el carácter personal de monotipo.

El proceso en sí consiste en aplicar la tinta sobre un soporte liso, como puede ser el cobre, el cinc, el acetato, el cristal, etc. mediante cualquier herramienta que permita la creación de imágenes con el acabado que deseemos, para más tarde proceder de manera común a su estampación, manual o con tórculo sobre un papel. Siempre que se parta de esta base estaremos hablando de monotipos de un modo u otro, por lo que es muy sencillo o complicado en la práctica en función de nuestras necesidades o exigencias. Sobre esta explicación entran en juego numerosos factores que pueden hacer que el proceso se complique.

Como se puede apreciar a lo largo de esta breve explicación la realización de monotipos es una técnica gráfica tan libre que sería poco productivo intentar determinar un procedimiento a seguir. Con puntualizar de un modo general las bases sobre las que se sustenta el proceso es suficiente si no queremos ser partidistas o ahogar las posibilidades del medio. Del mismo modo los materiales más comunes para una persona pueden ser complicados o poco apropiados en las búsquedas de otra. Por lo que sería en parte absurdo sugerir unas determinadas herramientas para su práctica. Creemos que el trabajo de cada artista determinará en cada caso, en base a sus necesidades, cuales son los materiales más adecuados.

Si trabajamos, al igual que en algunas pinturas, dejando que la materia empleada se seque antes de dar una nueva capa, ésta ya no se transferirá al soporte en el que se pretenda imprimir la imagen. Está claro que cuando trabajamos la imagen la pintura debe estar fresca, pues sus cualidades físicas de adherencia van a permitir el posterior paso de la estampación. En la pintura muchas veces se acostumbra a trabajar la imagen sobre una capa de materia seca para obtener una superposición tonal determinada. Esto no es posible en el monotipo y es una de las razones que le dan frescura. Al no poder trabajar una imagen durante largo tiempo estamos obligados a afrontar con un mayor desenfado la creación, lo que modifica nuestro acercamiento a la obra y el modo de lograr las metas que nos planteemos.

El emplear tinta calcográfica u óleo, que suele ser lo habitual, nos va a posibilitar borrar y volver a empezar el total de la imagen o las partes que nos interesen, porque las pinturas oleosas retardan el secado manteniéndolo en unos tiempos largos que facilitarán el proceso. Así podremos trabajar los medios tonos con mayor facilidad y alargar su número considerablemente y con menor esfuerzo si añadimos un poco de aceite de linaza o similar a la tinta. Mientras que para aquellas zonas que se reserven los negros es conveniente una tinta o pintura más densa, de manera que nos resulte más sencillo lograr el tono apropiado. No obstante se puede emplear cualquier tipo de elemento que tiña el papel con ciertas garantías. Una vez obtenida la imagen sobre el soporte elegido se procede a estampar mediante los procesos habituales, ya sea a través de un tórculo o de una cuchara de madera o baren que permite el estampado manual. Aunque la práctica manual disminuya uniformidad a la impresión, ya que no se realiza de igual modo por todo el papel que mediante el tórculo.

Los aspectos negativos y positivos de esta técnica giran en torno al mismo punto, la dificultad de emprender su práctica desde una perspectiva que permita obtener resultados sin que esto sea una cuestión de azar. Es sin duda uno de los pasos fundamentales en la creación de monotipos ya que sólo la experiencia y la habilidad en el cálculo de las cantidades de tinta pueden decirnos la dosis de la misma que tendremos que emplear para obtener una imagen. Será más complicado en aquellas en las que los tonos medios y claros se reflejen con más matices, así como cuando los negros sean potentes y quieran ser transferidos con toda su intensidad. Por esto la elaboración de monotipos es en ocasiones exasperante y exige de una gran capacidad técnica para la valoración de todos estos aspectos, ya que pueden llevar adelante la obtención de buenas impresiones o resultados deslucidos.

Poder valorar la incidencia que va a tener la presión en la transferencia de la materia depositada en el soporte es la clave para tener éxito. Al encontrarnos con una mezcla entre la pintura, con sus cualidades matéricas tan importantes, y la impresión, con sus procedimientos tan específicos, se hace difícil que converjan en un punto. Y que además de esto nos satisfaga. La estampación de una obra pensada en términos pictóricos puede hacer que sus cualidades físicas no se adecúen a la presión que se ejerce sobre ella, de modo que la materia estalle estropeando el resultado perseguido. Si por el contrario la tinta o la presión no son suficientes el estampado revelará una imagen velada, en ella el papel no recogerá el tono deseado en cada parte de la imagen.

El monotipo por adición puede darnos unos resultados muy ricos en cuanto a la valoración de volúmenes y sombras, porque permite pasar del tono más luminoso al más profundo con un registro muy adecuado de sus cualidades. Esto viene determinado por el único y fundamental elemento que compone la imagen, la tinta. Cuando no necesitamos más elementos a la hora de dar la valoración tonal su intensidad y poder de atracción es mucho mayor. La tinta pasa al papel, que es el elemento luminoso sobre el que se deposita la imagen final, su claridad es determinante a la hora de valorar los tonos de la imagen. La transparencia de ésta se realza o disminuye por la acción del papel de impresión.

MÉTODO SUSTRACTIVO:


Si en el anterior apartado veíamos la técnica de creación que más unida estaba a la pintura en sentido práctico, en la que nos ocupa vamos también a ver ese carácter pictórico, sobre todo por aspectos compositivos y procedimentales. Esto se debe a que trabajaremos de los tonos más intensos y puros a los más claros, con lo que ese restar materia nos ayudará a componer las escenas de un modo más general. Desde una idea de conjunto en la obra iremos obteniendo los detalles.

Aplicamos a la plancha una capa de tinta uniforme mediante un rodillo y trabajamos luego sobre esta superficie levantando la tinta en aquellas zonas en las que se deseen obtener luces y dejándola en las zonas más oscuras. Es una especie de manera negra por así decirlo, con lo que podemos hacernos una idea de las capacidades plásticas que tienen estas imágenes. La creación de la imagen que se persigue se puede realizar mediante todo tipo de útiles de dibujo que consideremos oportunos. El entintado de la plancha, es conveniente realizarlo con un rodillo de modo que la tinta se reparta por toda la superficie en una capa fina, pero consistente, y que respete los tonos más profundos. Para lograr determinados efectos, otros recursos pueden ser interesantes.

Con pequeños toques de luz se acentúa más si cabe la luminosidad de los claros por contraste con los negros que les rodean. Los blancos parecen iluminarse con una fuerza mucho mayor en su oposición con el tono general del fondo. Su uso está ligado a las valoraciones de manchas planas que ofrecen la posibilidad de enriquecer la imagen a través de su oposición con la luz. En ella la línea, si se desea, tendrá una mayor importancia que en el monotipo por adición, dado que en principio es más sencilla su realización. Es un ejercicio muy interesante para aprender a valorar la obra de manera global, sin perderse en los detalles.


MÉTODO DE TRAZADO:


El monotipo trazado es el más desconocido de los tres y quizá el más complicado de relacionar en principio con la técnica. En los otros dos procedimientos se afronta la obra desde una práctica absolutamente pictórica, por el hecho de valorar las imágenes a través de la mancha más que de la línea. De este modo cobra más importancia en la composición el tono en el conjunto, ya sea desde la mancha por sí misma o desde la incorporación de luces al fondo. No cabe duda de que en el caso de que lo necesitemos podemos en ellos también recurrir a la línea, pero los mejores resultados se alcanzarán en otras direcciones, ya que la técnica favorece este hecho. En sintonía con lo práctico de cada técnica lo más común sería proceder de este modo.

En el monotipo trazado vamos a valorar las imágenes desde una casi obligada traducción de las formas en líneas, por lo que su carácter es más dibujístico. Se produce de este modo una diferencia fundamental con respecto a los dos anteriores métodos, ya que ahora la línea va a ser el elemento difícilmente ineludible. No es que se pueda emplear, como sería lo más común en la idea de monotipo que generalmente se tiene, sino que éste método se basa fundamentalmente en ella, y desde ella se articula la base procedimental de la técnica. Como no podía ser menos, el monotipo trazado defiende un uso absolutamente libre de los medios al alcance de cada artista. Pese a que sus cualidades a primera vista sean estas, como decimos, en caso necesario se puede trabajar en todas las direcciones.
El principal inconveniente del uso de manchas está en que la presión a través de la cual se realiza la impresión de la imagen resulta mucho más complicada y menos satisfactoria. Sin embargo cuando dibujamos líneas se registra con una mayor sencillez la superficie de las mismas, así como con una notable calidad de impresión que en el caso de la mancha es difícil de lograr sin la ayuda de un tórculo. En cualquier caso obtener buenos o malos resultados dependerá en gran medida de que sepamos adaptarnos a la técnica para sacarle mayor partido.

Es quizá el procedimiento de estampación más práctico y sencillo que se puede llevar a cabo para lograr una imagen. Por la presión del lápiz sobre el dorso del papel éste se pone en contacto con la superficie entintada recibiendo la tinta que se transfiere mediante la presión.

No es necesaria la utilización de tórculo alguno, por lo que su uso está al alcance de cualquiera sin necesidad de emplear grandes medios técnicos. El monotipo trazado permite limitar la presión que se ejerce para transferir la tinta a una superficie mínima, y así ahorrar esfuerzos. De este modo se traza una línea en el papel para la impresión semejante a la que traza el elemento o útil de dibujo empleado para crear la imagen. Normalmente son más adecuados los papeles finos para que la línea recoja con más definición y verosimilitud el trazo. Pero sobre la base de esta explicación técnica, como en los anteriores casos, cada artista podrá establecer las variantes oportunas para lograr resultados determinados.

 

Alberto Marcos Barbado.

 


 

Para profundizar más sobre el tema consultar la tésis sobre monoimpresión realizada por Eustaquio Carrasco en la Universidad Complutense de Madrid. (http://www.ucm.es/BUCM/tesis/19911996/H/1/AH1001201.pdf).

 

Imagen 1: Edgar Degas (1834-1917). "La leçon de danse" ("La lección de danza"). Monotipo retoques pastel, c. 1877. Medidas: 58,4 x 72,7 cm.

Imagen 2: Camille Pissarro (1830 - 1903). "Vacherie le soir" ("Vaquería al atardecer"), Monotipo, c. 1890. Medidas: 15,6 x 23,60 cm.

 



ADJUNTOS

No existen adjuntos asociados


Volver al listado