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09/09/2010

El cuerpo desnudo (primera parte)

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Cualquiera que sea el modo de expresión, el tiempo y lugar en el que se manifieste, el arte ha recurrido siempre al cuerpo humano para traducir de la manera más completa, su concepción de lo bello.

Este culto origina la representación gráfica o pictórica de las mujeres y hombres, y ello explica sin duda el sentido de las más antiguas estatuillas y bajorrelieves que nos muestran efigies de mujer en donde los artistas de la Edad de Piedra buscaban el símbolo de la fecundidad que, además de representar la fuerza, aseguraba la continuación de la especie

                                                    

Las representaciones paleolíticas de la mujer no simbolizaban divinidades, pero sin duda aquellas Venus representaban para las sociedades primitivas el ideal de la belleza; éste que a través del tiempo ha tenido infinidad de concepciones dependiendo de las razas, las tradiciones o los cultos religiosos.

Curioso resulta que la belleza en las criaturas terrenales generalmente ha sido celebrada bajo el aspecto del cuerpo femenino (aunque es innegable que en la escultura y pintura griegas la exaltación del cuerpo humano fue equitativa para ambos sexos).

El desnudo es más una forma de arte que un tema de arte.

 

                                                    

 

Existe la creencia de que el cuerpo humano es en sí mismo un objeto en el que nuestros ojos se detienen con agrado; sin embargo, resultaría interesante observar (quienes hayan frecuentado las escuelas de arte) que no son precisamente los modelos el ideal de la perfección y aunque los estudiantes de manera laboriosa intenten plasmar en el lienzo su concepción de "la belleza", la autonomía de la obra se impondrá convirtiéndose en un objeto más dentro del universo de las imágenes. Ésta habrá trascendido el tema o punto de partida reflejando más bien el propio temperamento del autor,  con las vertientes de la conciencia o inconsciencia del mismo. De ahí su riqueza...

El cuerpo no es en sí mismo un tema que por transcripción directa pueda convertirse en arte, entonces el artista por lo general buscará la empatía con el mundo que lo rodea y desde ahí, creará su plataforma de despegue buscando con una especie de lámpara de Diógenes el modelo que esté más de acuerdo con sus nociones de armonía, equilibrio y belleza. No obstante el esfuerzo, el resultado de las obras nunca podrá satisfacer plenamente a los ojos de todos los observadores y menos aún a los que posean una actitud rígida, convencional y poco abierta a la percepción o la reinterpretación de la "realidad".
 

Fácil resulta olvidar, que los seres humanos somos organismos  vivos poblados de imperfecciones. De ahí lo absurdo de exigir lo contrario en una obra creada  por el hombre.

El cuerpo como núcleo es riquísimo en asociaciones, y cuando se convierte en arte, éste queda plasmado con exactitud.

 

                                                   

 

Cuando la representación no consigue completamente un impacto  estético "ornamental", la experiencia creativa puede ser mucho más enriquecedora y vasta, no sólo para el artista sino para el observador, pues en los cuerpos todos estamos nosotros mismos y en ellos deseamos perpetuarnos.

El cuerpo desnudo proporciona también recuerdos de armonía, vitalidad, éxtasis, brutalidad, humildad o dolor, y por ello mismo, cuando vemos resultados brillantes en una obra, pareciera que el desnudo poseyera un valor universal y eterno; en una palabra, logra conmovernos tocando las fibras más íntimas del ser mismo completo.

La crítica ha estado oscilando entre dos interpretaciones básicas de la representación del desnudo humano a través del tiempo: El concepto de lo prosaico y lo místico, ambos antagónicos y  constantes. La  tercera opción es la que propone al ideal de la belleza como la mezcla de lo mediano y lo habitual. Noción que llevaría al poeta, pintor, grabador y místico inglés, William Blake, a replicar diciendo:

"Todas las formas son perfectas en la mente del poeta, pero éstas no se abstraen ni se componen de la naturaleza si no pertenecen  a la imaginación".

La actividad imaginativa abarca la posibilidad de proyección  anticipada de un futuro, la construcción de utopías y la liberación del estrecho horizonte del presente, vinculándose de igual manera a la concepción autónoma y constructiva del espíritu.

 

                                              

 

Si partimos de que la belleza en sí es "rara" y si fuese ésta un juguete mecánico formado por partes medias que pudieran ensamblarse a voluntad, entonces no la valoraríamos como tal.

Sería pues conveniente analizar si el ideal de las representaciones artísticas viene siendo una especie de mito y si las formas terminadas por los artistas pueden entenderse sólo como el fin de un largo proceso de crecimiento.

 

Texto: Toni Guerra -Galería Exagono- artista plastica

http://www.galeriaexagono.com/
http://www.toniguerra.com.mx


Fotografías: Edward Weston

www.edward-weston.com



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